domingo, 15 de noviembre de 2009

Las décadas del ’90 y ’00: La entrada a un nuevo siglo

Pocos días pasaron ya del festejo de la caída del Muro de Berlín, ocurrida el 9 de noviembre de 1989, justamente hace 20 años. Muchas cosas ocurrieron desde entonces, pero aquél acontecimiento es una buena ilustración del fenómeno que explotaría luego: la globalización. Un muro que es derrumbado por las ansias expansionistas del capitalismo. Muchos festejan y se convencen de que los avances de la tecnología afianzan la democracia y unen con lazos inquebrantables las culturas del mapa, penetrando fronteras, desvaneciendo los muros. Un segundo. ¿Seguro que saben que hay muchas culturas? ¿Y por qué actúan como si hubiera una sola, una universal? El pensador Dominique Wolton aseguró que Occidente cree, ingenuamente, que la red va a unificar el mundo, pero a medida que la red se extiende, numerosas culturas tienen la sensación de ser expropiadas. Quizás haya una mundialización de las técnicas, pero no hay comunicación mundializada.

A su vez, las ciudades muestran un constante crecimiento, al menos en el nivel infraestructural, pero crecimiento que no se da en el campo de la consciencia. Estas ciudades multipobladas y tecnológicas generan la individualización del ser, transformando las acciones unipesonales en intrascendentes. Con este funcionamiento burocrático, la insignificante falla parcial de alguien puede causar una catástrofe. Así como un inspector que simplemente se olvida de revisar una puerta, como le puede pasar a cualquiera, puede generar una larga lista de muertes, que, de todas maneras, pasan a la historia como simples números. “La civilización no solamente había producido riqueza, orden y refinamiento, sino también, como parte del mismo proceso, pobreza, desorden y degradación”
Luego de las emociones del gol de Cannigia a Brasil, del coraje del máximo ídolo que aguantó un tobillo hinchado como una pelota, los penales de Goycochea y el penal final de Brehme que acabó con las ilusiones de volver a ser campeones del Mundo, Argentina recibió los ‘90 con la aparición del cadáver, violado y torturado, de María Soledad Morales, encontrado el 10 de septiembre en Catamarca, una provincia que parecía haberse quedado en el pasado y ante el advenimiento de esta nueva era, sacó a la luz esquemas de sociedad totalmente antiguos, casi milenarios, que pedían a gritos un cambio. Catamarca, hasta ese entonces, contaba con la familia Saadi en el poder, régimen que acumulaba ya 45 años. Un gobierno aferrado a la fuerte religión y a la corrupción. Hombres que tomaban decisiones desde prostíbulos, cultivación de marihuana, paraíso de los autos truchos, desprestigio de las instituciones democráticas y la complicidad de la Iglesia. Una preocupante atemporalidad. El crimen de la joven de 17 años destapó todo, con miles de jóvenes que protestaron a través de más de 20 “Marchas del Silencio”, con la clara consigna de “No vamos a vivir como nuestros padres”, cuestionando la pereza ancestral y la mentalidad medieval de Catamarca. Una de esos antiguos valores, o mejor dicho desvalores, que reinaba en la provincia, era el machismo. Gabriela Sabatini se encargaba de enterrarlo en el país entero, con su victoria ante Steffi Graf que le daba el US Open.
Algunas costumbres, más bien las malas, deben dejarse en el pasado. De todas maneras no todas deben ceder ante el avance del supuesto progresismo mundial, ya que, como se dijo anteriormente, existen muchas culturas diversas que son imposibles de alinear a los estatutos universales. Sin embargo, parece que el presidente argentino, Carlos Menem, parece que jamás leyó a Wolton. Algo que resulta paradójico, ya que Saúl tiene la herencia familiar de una minoría, una de las más castigadas, como lo es la musulmán. Menem sometió el país a los dictados del Consenso de Washington, una serie de medidas que implicaban la apertura de los mercados y la retirada del Estado, el cual renunciaba a su rol de prestador de bienes y servicios. El advenimiento del neoliberalismo trajo consigo la desregulación, descentralización y privatización. Argentina se sometió a los organismos internacionales, obedeciendo una serie de dictados que engañan con ventajas a corto plazo, pero son diseñados por expertos que desconocen la ubicación en el mapa de los países donde luego se aplican. En los primeros meses de 1991 Domingo Cavallo asumió como ministro de Economía y como primera medida implementó la Ley de Convertibilidad, con vistas a terminar con la inflación, estableciendo un tipo de cambio de fijo, un peso un dólar, y obligando al Banco Central a emitir moneda solo a partir de las reservas disponibles, perdiendo el Estado su capacidad para desarrollar políticas monetarias. A pesar de que se terminó con la inflación y se logró el crecimiento de los sectores asalariados, el ingreso se concentró, aumentando la brecha de desigualdad, provocando crecimiento, pero sin distribución. Luego se llevó a cabo la privatización, que desmanteló el Estado en procesos envueltos en corrupción, con el resultado final del encarecimiento de los servicios y una taza record de desempleo. Carlos Menem había despedido el año 1990 con alrededor de 200 indultos a militares y civiles, acusados de haber violado los derechos humanos entre 1976 y 1983, tiempos de dictadura y “guerra sucia”, incluyendo a José Alfredo Martínez de Hoz, Jorge Rafael Videla, Leopoldo Galtieri, Emilio Massera, Roberto Viola y Orlando Ramón Agosti, entre otros.
Mientras tanto, un equipo denominado “chico” como Newell’s daba la vuelta olímpica en la mismísima “Bombonera” de la mano del joven Marcelo Bielsa. Este fue el último torneo largo, ya que desde mediados de 1991 se implementaron los torneos cortos. Más que nunca antes las leyes del mercado penetraron incluso el campo de las pasiones y emociones. “Renovar el negocio con frecuencia es el punto: un pobre comienzo tala los ingresos y por eso conviene volver a comenzar de cero cuanto antes”.
En 1992 se llevaron a cabo los Juegos Olímpicos sin la potencia de las últimas cuatro décadas, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). La caída del muro de Berlín y las restauraciones de las democracias en los países que integraban el Bloque del Este, llevaron al colapso interno de la URSS, que se desintegró, liberando repúblicas como Ucrania, Georgia, Bielorrusia, Letonia, Estonia y Lituania, entre otras. De todas maneras no era tan sencillo desarmar una unión que prevaleció y funcionó tanto tiempo, por eso se conformo la Comunidad de Estados Independientes (CEI), una organización supranacional a cargo de coordinar el comercio o la seguridad. El actual primer ministro de Rusia, Vladimir Putín, aseguró que el propósito de la CEI era asegurar un “divorcio civilizado”. Bajo este nombre, y por última vez en la historia, 10 de las 15 repúblicas que conformaban la URSS participaron juntas en un Juego Olímpico y como de costumbre acapararon el mayor número de medallas. Barcelona también significó la casi total apertura de los profesionales a los Juegos, con la presencia de un equipo de básquet estadounidense, integrado en su totalidad por jugadores de la NBA, que se denominó Dream Team y consiguió la medalla de oro con un promedio de 117 puntos por partido.
La caída de la URSS era uno de los cometidos del Imperio del Capital, que por fin logró superar la Cortina de Hierro que protegía Europa del Este. De todas maneras el eje se desplazó a Oriente. Los capitales se dejaro llevar por un universo de mercados vírgenes, donde el petróleo aumentó la tentación. Aunque las incursiones ya existían, pasaron a las primeras planas. Sin embargo, esta vez se encontraron con diferencias culturales y religiosas mucho más profundas, que hacían, y hacen, la situación mucho más difícil e irreversible . Argentina vio esto en primera plana. El 17 de marzo de 1992 la Jihad Islámica (Jihad significa guerra, guerra contra la intervención occidental en medio oriente que corrompió sus estructuras de vida) provocó un atentado contra la Embajada de Israel en Buenos Aires. La creación del Estado de Israel en 1947 es la prueba máxima de esa perturbadora intervención occidental en pleno Medio Oriente. El 18 de julio de 1994 un coche bomba estalló contra la sede la AMIA, una mutual israelita en Argentina, dejando un saldo de 85 muertos, que se sumaron a las 29 víctimas del ataque a la Embajada de Israel dos años atrás. Esta vez las culpas se apuntaron al Hezbollah, movimiento fundamentalista islámico con eje en el Líbano, aunque también se apunta a Menem, por distintos negocios que llevaba con Siria. De todas maneras los atentados de este tipo se esparcieron por el mundo, desencadenando una guerra que parece no tener fin.
De todas maneras, más allá de los conflictos culturales, Argentina sufrió otro problema universal. El progreso infraestructural y técnico en la sociedad se mantiene ordenado por la funcional burocracia, que también puede ser disfuncional. En 1993 se incendió la discoteca ubicada en Olivos, provincia de Buenos Aires, “Kheyvis”. Un boliche habilitado para 150 personas que esa noche albergó 600 jóvenes . Las instalaciones presentaban irregularidades. El incumplimiento de pequeñas tareas, como lo puede ser dejar pasar un chico más, generan catástrofes. Una burocratización extrema, donde es difícil medir las consecuencias de una pequeña decisión. Todo está unido por redes, todo se multiplica y a su vez la vida pierde valor.
Por lo menos algunas de estas concepciones estaban en los esquemas conceptuales de la institución militar. Con el peor capítulo de la historia ya vivido, los indultos de Menem mostraban que parte de la sociedad todavía no había comprendido ni aprendido nada. El 6 de marzo de 1994 se encontró en el Grupo de Artillería de Montaña 161, en Zapala, Neuquén, el cuerpo del conscripto Omar Carrasco, desaparecido hace exactamente un mes, cuando apenas llevaba tres días en la “colimba”. El joven fue asesinado a golpes por sus superiores. Menem no tuvo más remedio de prohibir por decreto el servicio militar obligatorio, vigente desde 1902. Por más de que esta institución se desarmaba, los valores destructivos que la caracterizaron, ya se habían transferido a la sociedad, llenando la vida civil de violencia.
Otra de las decisiones políticas de Menem, a través del senado, fue de reformar la Constitución. En el Pacto de Olivos, acordó junto a Eduardo Duhalde, entre otras cosas, la reducción del período presidencial de seis a cuatro años, pero habilitó la posibilidad de reelección. Menem resulto reelecto un año después, con el slogan de terminar con lo que se había comenzado. Realmente lo consiguió. Ya para fines del ’94 había pegado fuerte el “tequilazo”, crisis económica en México que se volcó en el resto de América latina. La economía abierta se hizo insostenible, los capitales, fundamentales para sostener el uno a uno, huyeron. La única solución para mantener el disfra, fue un fuerte endeudamiento. Los viajes, las tarjetas de créditos y “la pizza con champán” fueron una cortina de humo. La promesa del presidente era que todo esto se “derramaría” sobre el resto de la sociedad, pero nunca ocurrió. Se achicó la clase media y creció la exclusión del mercado laboral, sin redes de protección disponibles.
En rango menor, la sociedad argenta sufría otro golpe. Luego de las alegrías en las Copas Américas de 1991 y 1993, en Chile y Ecuador, con Alfio Basile como entrenador, se llegó al Mundial de Estados Unidos 1994. Con un gran equipo, aunque con sufrida Eliminatoria, y la vuelta de Diego Armando Maradona en un buen nivel, las esperanzas estaban intactas. Sin embargo, el mismo que nos hizo tocar el cielo con las manos, ahora nos dejaba caer desde bien arriba. Una enfermera colorada lo acompañó al infierno. Maradona volvía a fallar en un control antidoping, destrozando las ilusiones de sus compañeros, las de todo el país. Al año siguiente el universo deportivo era noqueado y atropellado al mismo tiempo. Dos de los más grandes deportistas de la historia dejaban la materialidad para inmortalizarse en las conciencias colectivas: Carlos Monzón y Juan Manuel Fangio. En 1996 Atlanta organizó los Juegos Olímpicos, 100 años después de su primera edición en la Era Moderna. Los ex países de la Unión Soviética participaron por separado y Estados Unidos volvió liderar el medallero.
Argentina seguía su camino al vacío. Cavallo renunció en 1996 y rompió el pacto de silencio. Comenzó, sin nunca terminar, una serie acusaciones dirigidas especialmente a Alfredo Yabrán, hombre cercano al presidente. Yabrán representaba la desvergonzada corrupción que atravesaba las instituciones argentinas. Cavallo lo acusó de poseer, a través de testaferros, un gran número de empresas, entre ellas Oca y Villalonga Furlong, las cuales eran utilizadas para tapar un alto mecanismo de narcotráfico y lavado de dinero que tenía plena protección judicial y política. El 25 de enero de 1997 apareció asesinado el fotógrafo de la Revista Noticias, José Luis Cabezas, quien había sido el primero en fotografiar a Yabrán, quien fue acusado por el crimen y se suicidó al año siguiente unos días antes de declarar. Su cara estaba desfigurada, y aunque los estudios confirmaron que ese cadáver era realmente Yabrán, hasta el día de hoy se duda sobre su paradero. Al igual que en los casos de los atentados a la Embajada de Israel y la AMIA, agentes de la Policía bonaerense aparecían implicados, sumado esto a distintas acusaciones de prostitución, juegos clandestinos y narcotráfico.
En 1997 se conformó la Alianza, que nucleaba el radicalismo y el FREPASO, emergente partido de centro izquierda. En 1999 Aparecieron nuevas irregularidades graves en la policía, reflejadas en la Masacre de Ramallo, cuando un grupo de asaltantes entró al Banco Nación de Villa Ramallo. Tras negociar la salida con rehenes, la policía abrió fuego, matando dos rehenes y un ladrón. Uno de los asaltantes sobrevivientes fue asesinado en prisión, colgado del techo fingiendo un suicidio que luego se desmintió . En 1999 el candidato de esta nueva fuerza, Fernando De la Rúa, superó a un peronismo fuertemente relacionado con una corrupción de dimensiones nunca antes vistas, que se sumaba a un vasto desempleo. Los votos logrados no alcanzaron para imponer mayoría en el Congreso, sin embargo la esperanza de cambio estaba intacta, por lo menos un poco más que ilusión futbolera, que seguía lastimada por el gol de Denis Bergkamp, aquél holandés que no se anima a viajar en avión y le ganó la espalda a Roberto Ratón Ayala para eliminar nuevamente a Argentina de un Mundial. A pesar de que una nueva victoria a Inglaterra, Francia ’98 despidió al equipo de Daniel Pasarella en cuartos de final.
Los Juegos Olímpicos de Sidney le dieron la bienvenida a un nuevo siglo. Corea del Sur y Corea del Norte marcharon bajo una misma bandera en la ceremonia inaugural. De todas maneras la ilusión no duró mucho. La rumana Andrea Raducan se convirtió en la primera gimnasta en dar positivo en un control anti-doping. A su vez, un análisis más exhaustivo mostraba que no hubo participantes de Afganistán, excluido por estar gobernado por un régimen Talibán, grupo de fundamentalistas islámicos que se cansaron de pedir el cese de intervenciones occidentales en sus tierras. Así empezaba un nuevo siglo donde todavía no se comprenden las diferencias culturales y donde la vorágine invadió todos los rincones, incluso los más sacros, como el deporte olímpico, hoy totalmente asediado por laboratorios y sponsors que se unen para multiplicar sus ganancias.
A pesar de su acción terrorista en el siglo anterior, nadie escuchó a los grupos fundamentalistas islámicos. Tal es así, que decidieron hacerse oír de una vez y para siempre. El 11 de Septiembre del 2001 el grupo Al-Qaeda, liderado por Osama Bin Laden, secuestró cuatro aviones. Dos de ellos estrellaron contra las Torres Gemelas en Nueva York, Manhattan, corazón del sistema capitalista, uno contra el Pentágono y el restante no llegó a ningún destino particular y cayó en un campo abierto. Hubo más de 3 mil muertos y el mundo se paralizó. Las naciones unidas lo calificaron como “un horrendo ataque terrorista”. Nadie recordó que los grupos fundamentalistas islámicos fueron alimentados por Estados Unidos para, en su momento, contrarrestar a los partidos arábicos, fomentados por el coronel egipcio Abdel Nasser desde 1954, que intentaban combatir a las corruptas monarquías que se enriquecían negociando con Estados Unidos, olvidándose de su pueblo. Nadie pensó que los fundamentalistas islámicos eran grupos surgidos ante la injusticia de ver como el dólar se llevaba sus recursos naturales sin importar la opinión de los habitantes de ese suelo, sometiéndolos a una invasión económica y cultural que corre en contra de su religión y sus costumbres. Nadie se percató que la CIA es el mecanismo terrorista más grande jamás inventado. George W. Bush no perdió tiempo e invadió Afganistán, para intentar sacar al régimen Talibán, que escondía a Osama Bin Laden y además “no era democrático”, aprovechando el efecto del 11-S para manejar la opinión pública a su favor, como históricamente funcionó el país. Del mismo modo que en el 2003 aludió que Irak poseía “armas de destrucción masiva” y debía ser desproveído de tales. Así se sumergió en dos guerras que aún hoy no tienen desenlace, cómo todas las guerras. Lo paradójico es que en el momento histórico donde la información viaja con más precisión y velocidad, no hay imágenes de los conflictos. Claro, no van a cometer el mismo error que en Vietnam. Las supuestas armas nunca aparecieron, pero se argumentó que el régimen de Saddam Hussein colaboraba con Al Qaeda, a parte de ser “antidemocrático”. Así, se asesinó al líder, que justamente había sido apoyado por Estados Unidos en 1979, para frenar la reciente Revolución Iraní, movimiento fundamentalista islámico que ponía en riesgo los intereses norteamericanos en la zona. El régimen Talibán sigue en pie y El ayatolá Sayed Mohammed Baqir al-Hakim organiza la defensa en Irak. En marzo del 2004 hubo otra respuesta, en Atocha, Madrid. Un atentado a cuatro trenes que dejó casi 200 muertos, volvió a colocar a estos hombres de turbante y barba como los enemigos públicos que utilizan métodos extremistas e inaceptables, pero defienden su territorio, sus costumbres y cultura ante un invasor furtivo y obnivulado.
A diferencia de los 90’, Argentina no tuvo marcas aquella absurda guerra, pero sí sufrió sus propios problemas. La decadencia ocasionada por el menemismo, finalmente estalló. En el 2001 Domingo Cavallo, quien había logrado apaciguar la hiperinflación que venía de los 80’, asumió nuevamente como Ministro de Economía. La fuga de capitales continuó y el Ministro restringió los retiros en efectivo en diciembre del 2001, creando el “corralito”. Las movilizaciones en contra de la medida comenzaron. El 14 de diciembre se registraron los primeros saqueos, algunos espontáneos y otros guiados por el duhaldismo. El 19 los saqueos se multiplicaron, alcanzando cadenas de hipermercados e incluso modestos negocios. La crisis social, la económica y la política convergieron y De la Rúa anunció el estado de sitio, presionado por las embajadas que pedían protección para sus multinacionales. Inmediatamente la gente inundó las calles con cacerolas en mano, con destino a Plaza de Mayo. A la medianoche se comunicó la renuncia de Cavallo y se ordenó la represión. El día siguiente la gente volvió a concentrarse en Plaza de Mayo y otra vez fue reprimida, dejando un saldo de 8 muertos. A las 20, De la Rúa renunció y se retiró en Helicóptero. Su cargo fue ocupado por la anarquía. Los saqueos continuaron y se produjeron enfrentamientos entre “saqueadores” y “vecinos” con alrededor de 30 muertos. Esta vez no hubo golpe militar como solía ser costumbre, pero si una danza de presidentes. Ramón Puerta, presidente de la Cámara de Senadores, fue el primero. La Asamblea Legislativa se reunió y eligió al gobernador de San Luis, Adolfo Rodríguez Saa. Los cacerolazos no cesaron, reclamando la devolución de la plata atrapada en el “corralito”. El 28 de diciembre el Congreso fue asaltado, demostrando la casi nulidad de las instituciones, totalmente abatidas por el pueblo. El 30 renunció Rodríguez Saa y asumió el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Caamaño. El 1º de enero la Asamblea Legislativa finalmente eligió a Eduardo Duhalde como presidente. De todas maneras el dólar se disparó y la tensión social no bajó. El punto máximo fue el asesinato de los piqueteros Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, tras una violenta represión policial a un reclamo y con un titular de Clarín que pasó a la historia, destapando el vil e inhumano funcionamiento de los medios de comunicación, que no publicaron fotos de la represión y adujeron una lucha interna entre los sectores piqueteros: “La crisis causó 2 nuevas muertes”, dijo la tapa de Clarín. Duhalde no tuvo más opción que adelantar las elecciones para el 30 de marzo del 2003.
Para profundizar la crisis, el equipo conducido por Marcelo Bielsa quedó eliminado en primera ronda del Mundial de Corea Japón 2002. Millones de argentinos que se despertaron en horarios inhóspitos para ver un equipo que no rindió como lo venía haciendo, causando una temprana e impensada eliminación. Un golpe más para una sociedad que ordena su pasado, presente y futuro según el calendario de la FIFA. La revancha llegó cuatro años después, en Alemania. Néstor Pékerman culminó un largo proyecto. Tras varios años en las categorías juveniles, logró llevar a esos pibes ya más grandes, al Mundial. Con momentos de buen juego, Argentina perdió por penales con el local en cuartos. Otra vez, la final quedó lejos. De todas maneras el nuevo siglo presentó el crecimiento de algunos deportes. El tenis explotó con la aparición de una legión entera de tenistas que, hasta el día de hoy, mantienen la bandera albiceleste en los primeros planos de los torneos más importantes y la ilusión de obtener una copa Davis, intacta. El hockey femenino se transformó en potencia mundial, comandado por un proyecto impecable que logró la formación de excelentes jugadoras, incluyendo la mejor del mundo, Luciana Aymar. El centro de la atención recayó en el basquet. La aparición de jugadores argentinos en la NBA, incluyendo los tres títulos de los San Antonio Spurs con Emanuel Ginóbili como una de sus figuras, reflejaban el buen presente, el que se confirmó con un subcampeonato mundial en Indianápolis 2002 y la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, causando, en semifinales, la primera eliminación en la historia de un equipo norteamericano integrado por jugadores de la NBA.
En el 2003 Nestor Kirchner fue electo. Menem ganó la primera vuelta, pero luego se retiró, ya que era seguro que perdería en el ballotage, ya que se unificarían todos los votos en su contra. Argentina había tocado fondo, y el ciclo económico lo llevó a una recuperación. El Estado intentó refortalecerse y una serie de medidas sociales le aseguraron una buena base electoral que le permitió poner a su esposa, Cristina Fernández de Kirchner, en la presidencia en el 2007. Las medidas de carácter popular provocaron un choque frente a la oligarquía, encarnado en el conflicto con el campo tras la resolución 125. La consecuencia fue una pelea contra los medios de comunicación que el día de hoy parece haberle marcado el destino final al matrimonio presidencial. A su vez, tampoco pudieron revertir la corrupción experimentada en los 90’, la cual siguió siendo moneda corriente en todo el nivel institucional. En diciembre de 2004 se incendió el boliche República Cromañón, en Once, causando 194 muertes. Como ya se había visto en el ‘93 con el caso de Kheyvis, irresponsabilidades de quienes tienen que tomar decisiones que parecen menores, se lleva vidas inocentes. Otra vez la burocracia falla, sumando números a las listas de la morgue.
El nuevo siglo reprodujo lo que se venía anunciando en la década del ‘90. Los atentados a la Embajada de Israel y a la AMIA, anticiparon el golpe a las Torres Gemelas y Atocha, con el eje en las guerras en Irak y Afganistán. La tragedia Kheyvis pidió atención especial para que no suceda un Cromañón. Pero por más que se avise, el rumbo ya está apuntado y se avanza a una velocidad incontrolable, sin tiempo para mirar a los costados y mucho menos para atrás. Una nueva crisis mundial sacudió el planeta en el 2008, explicándole que equivocaba la dirección. Un presidente negro llegó al centro el mundo, cosechando nuevas esperanzas en los ingenuos. Pero no es tan fácil. El dólar perdió su poder y a Estados Unidos le patina el timón, mientras que China aparece como nuevo capitán para un futuro cercano. De todas maneras el destino ya está fijado, aunque nadie lo conoce. Sólo se sabe que el camino es cada vez más tecnológico y veloz, por lo que todo avanza automáticamente, tan automatizado como incontrolable. El timón ya no sirve.


4 comentarios:

Picoco dijo...

Estimado: Muy interesante su articulo, como siempre. Al leerlo me surgieron muchas preguntas y algunos comentarios. No es mi idea aburrir, por lo que me voy a limitar solo a comentar el punto en el que tenemos mayor diferencia. En cierta forma ademas este punto se repite, fundamenta o inspira muchas frases o ideas del articulo.
Ud dice “Un muro que es derrumbado por las ansias expansionistas del capitalismo”, dando a entender que el muro fue demolido por occidente. Da la sensación que Ud cree que el muro fue construido para proteger a la Alemania oriental de la embestida de su hermana occidental. Se equivoca, Moscu no mando levantar un muro de proteccion, mando levantar un muro de contención Fueron las ansias por escapar del comunismo lo que derrumbo el muro, fue demolido con los martillos de oriente. Naturalmente, en el contexto de la guerra fria el mundo libre buscaba expanderse mas alla del muro, por eso Kennedy grito “ich bin ein berliner”, pero jamas hubiese podido destruirlo, fueron justamente aquellos para quienes el muro estaba destinado quienes lo derribaron y no al reves.
Por otra parte, sospecho que el dollar, que Ud acusa de robar recursos naturales, no es la razon que fundamenta la yihad… pero eso ya es otro tema

Matias Mosquera dijo...

Una vez más muchas gracias por las enseñanas. El tema del muro. Coincido en su descripción y es cierto que utilicé el hecho para favorecer la generalidad de mi discurso.

De todas maneras, me gustaría llevar la situación a un nivel más macro. No hay dudas que la URSS hizo implosión, así como el regimen comunista tanto en el resto de los países, Alemania entre ellos. Sin embargo, esas ansias de salir del sistema, de romper ese muro, las veo a su vez como un ataque expansionista del sistema capitalista o como se llame, que actúa desde lo ideológico. Una de las cosas que más se celebró con la caida de la cortina de hierro fue la llegada y ampliación de la TV, totalmente reprimida por las dictaduras comunistas. Esas libertades querían, libertades que creen tener pero a largo trecho los subordinan al poder de multinacionales y demás.

Es cierto que en primer medida querían más libertad, injustamente restringida. Pero la coerción ideológica (y audiovisual hoy en día)que hoy se ejerce, no dista mucho de aquella.

Alemania Oriental, era una cuna cultural, así como en los sistemas comunistas funcionaban mejor la salud y la educación; y creo que eso no le conviene a muchos, los mismos que hoy alimentan los cerebros con mujeres desnudas en una caja cuadrada. Aunque ya me fui muy por las ramas, espero que se haya entendido el punto, en caso contrario intentaré simplificarlo (simplificar, algo con lo que no estoy de acuerdo!)

Picoco dijo...

Gracias por permitir los comentarios, y todavia mas por tomarse el tiempo de responderlos.

Entiendo su punto, creo que lo entendia tambien antes (aunque ahora mucho mas), y por eso fue mi comentario.
Estamos en desacuerdo, pero eso es buena cosa. Al menos a mi me hace pensar.

Gracias

NoTe dijo...

Muy buen post Matías, como siempre. Saludos!

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